Los mercado semanales en los pueblos de la Costa Brava

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"En ningún otro lugar del Mediterráneo he visto prodigio colorístico comparable a aquél, ni tan abundante ni tan diverso. Pescado de roca, tocado por el sol, alimentado con buenos pastos y la pureza de las aguas mantenida por las corrientes de las islas. Quizás los colores cogían toda la magnificencia porque la luz no era muy fuerte y los cielos se presentaban un poco encapotados, ligeramente opacos. Son las atmósferas opalinas las que dan a los colores toda la magnificencia de matización. Era, además, pescado fresco, impregnado de la viscosidad de la vida. Los colores de un pescado que ha perdido la grasa son pinceladas muertas, frías, colores de pintor. Es cuando el color palpita en la viscosidad que empieza el asunto. Nunca la imaginación humana podrá dar, en este punto, lo que ofrece la naturaleza."

Así caracterizaba Josep Pla el mercado mediterráneo que conoció en uno de sus viajes como corresponsal y que más le impresionó. Esta estampa bien podría ser la imagen misma de uno de los mercados costeros catalanes. No en vano, a lo largo de la historia muchos de los escritores más célebres han aprovechado el potencial de los mercados para perderse entre la gente y extraer de la muchedumbre material para caracterizar los personajes de su universo literario. Los mercados del Empordà son un espacio de encuentro donde tradición, producto fresco y proximidad confluyen entre callejuelas, rieras y plazas. La mayoría de los pueblos ampurdaneses celebran mercados semanales. Son mercados ambulantes o de marchantes que se distribuyen en todo el territorio y que, a pesar del paso del tiempo, siguen siendo un espacio de articulación social y de encuentro entre quien quiere vender y quien desea comprar, y un punto de contacto directo con los productores.

A pesar de que los orígenes de los intercambios comerciales se remontan a la ágora ateniense, los mercados empezaron a tomar la forma que tienen en la actualidad en la edad media, cuando se hizo necesario resolver la escasez de suministros por las aglomeraciones humanas en los cascos urbanos y se empezaron a fijar unas fechas donde la gente se podía encontrar. Además, también se empezaron a regular las medidas, los pesos y las monedas con que se hacían las transacciones. Con el paso del tiempo, los mercados se han transformado (tanto en cuanto a los productos como la imagen) pero siguen siendo un lugar de encuentro social. Seguramente por esta percepción de tradicionalidad y por la calidad que en los últimos tiempos se los atribuye, la asiduidad a los mercados ha crecido notablemente. Actualmente, los días de mercado son de referencia para muchos habitantes de las comarcas que se desplazan hacia las villas donde hay mercado. Son un punto de encuentro de mercaderes, comerciantes y gente local o de poblaciones vecinas, donde la oferta de alimentación se amplía y se incorporan paradas de productos para el hogar, ropa, calzado, artesanía, confección, etc.

Visitar los mercados semanales de Palafrugell, Begur, Calella, Calonge, la Bisbal d'Empordà, Corçà, Pals o de cualquiera otro pueblo de la Costa Brava es una excelente oportunidad de acercarnos a las poblaciones ampurdanesas y disfrutar de los productos y las viandas de calidad de la mano directa de los productores. Porque un mercado es vida; es el latir de una población, la mezcla de productos, gente, colores y aromas. Lejos de las grandes superficies, el mercado de proximidad nos permite acercarnos a la cotidianidad de cada pueblo.